GABRIEL MORENO AHORA AGREGA SUS QUIVERING POETS











ENRIQUE ZATTARA

Ya está todo listo para comenzar la producción del disco del grupo encabezado por el gibraltareño Gabriel Moreno,  The Quivering Poets (algo así como Los Poetas Trémulos), formación que – además del propio Moreno - cuenta con el talento musical y poético de Bárbara Bartz al violín, la maestría en la composición y los arreglos de Adam Beattie al bajo, la pasión y la titánica musicalidad de Pablo Yupton a la guitarra y el virtuosismo rítmico de Pablo Campos a la batería y percusión. Hablamos con Gabriel sobre su trayectoria y sobre el nuevo disco.

Gabriel Moreno nació en Gibraltar, lo que ya lo ubica en una especial situación identitaria y lingüística. Como él mismo afirma, nació “prácticamente condenado a una dicotomía entre un español del ámbito familiar, relacionado con lo emocional, y un inglés de la escuela, o sea del espacio racional”. Si por añadidura, como explica el propio Gabriel, el inglés gibraltareño se parece más al del siglo XIX, y el español es andaluz de pura cepa,. Ya me dirán ustedes con qué bagaje una persona tiene que  enfrentarse así  al mundo de la poesía. “Desde el principio – agrega – ese bilingüismo nos enfrenta a dos concepciones del mundo y a dos usos del lenguaje”.

 Por eso, por ejemplo, él empezó a escribir poesía en castellano, mientras estudiaba Filosofía Latinoamericana en Chile, en el año 1997, a través de un intercambio universitario, impulsado por el conocimiento de autores como Huidobro o Neruda; mientras que su música – que practicaba desde los quince años – había nacido espontáneamente en inglés. De hecho – señala – nunca se le había ocurrido concebir el rock&pop que gustaba escuchar de adolescente fuera del idioma inglés, ya que los grupos españoles – según su apreciación – no habían logrado conciliar su lengua con el lenguaje musical de esos géneros. “Empecé con los Rolling o Guns’n Roses, mi héroe musical era Kurt Cobain; aunque después descubrí que se podía hacer también en español  a través del rock argentino con artistas como Charlie García o Gustavo Ceratti”. Pero las letras de sus canciones, salvo puntuales versiones a lo largo de veinte años de carrera musical, siguieron siendo creadas en el idioma británico.

Lo dejamos en Chile, pero Gabriel regresó y terminó su carrera en Inglaterra, desde donde partió a Holanda a estudiar un curso de profesor de inglés, y al mes lo mandaron a dar clases en el Perú, donde siguió en contacto con la literatura hispanoamericana. “Cuando leí a Vallejo me cambió la vida – asegura – y sobre todo la manera de escribir, porque descubrí que era posible una poesía con fuego, visceral”. Pero allí no  terminó su itinerario: cuando se quedó – como tantas veces en su vida, admite con resignación – sin un centavo, aceptó el refugio que su hermano le ofreció en su casa de Londres, aunque después  tuvo su largo tiempo de paso por Barcelona, de donde regresó hace unos siete años. En Barcelona publicó cinco libros de poesía, y en el año 2015, ya asentado en la capital británica, se lanzó a la aventura con la edición de su primer disco: “Love and Decadence”.

“Las experiencias existenciales que te dan la vida y los viajes son indispensables quizás para formar la voz de un poeta o un músico, pero si alguna vez no apuestas por algo sólido es imposible llegar a ninguna parte. Hasta los 35 años pensaba que encarar el arte como una carrera era traicionarme a mí mismo, una traición a la pureza de la poesía o de la canción. Pero en un momento entiendes que es necesario apostar por una mayor consecuencia, por un proyecto, por una estabilidad que te permita no dispersarte tanto”. “Love and decadence” nos permite descubrir a un cantautor muy especial, con notables trazas de Leonard Cohen o Nick Cave, aunque también de Dylan y otro, pero con una personalidad propia muy marcada.

En el proceso de producción de aquel disco, y más todavía a lo largo de la infinidad de conciertos ofrecidos durante estos dos últimos años en salas de varios países europeos (y con asiduidad en un pub de Farringdon Road donde acude su Lantern Society, y en otra sala de Wood Green), fue rodeándose de un núcleo cada vez más cercano de músicos que lo acompañan y complementan y que cuajaron formalmente en The Quivering Poets (algo así como Los Poetas Trémulos), formación que – además del propio Gabriel Moreno - cuenta con el talento musical y poético de Bárbara Bartz al violín, la maestría en la composición y los arreglos de Adam Beattie al bajo, la pasión y la titánica musicalidad de Pablo Yupton a la guitarra y el virtuosismo rítmico de Pablo Campos a la batería y percusión.

Ahora, el segundo disco está al llegar: ya han logrado reunir, mediante una campaña de crowfunding, el dinero necesario para la producción, y sólo queda ponerse a trabajar en los estudios de grabación. El álbum puede que esté – al menos es lo que prevén – alrededor de Octubre de este año.

Los Poetas Trémulos y yo creemos que contar historias y escuchar música enriquece nuestras vidas y crean un sentido de comunidad y unidad más profundo – asegura Gabriel -  La música y la poesía que preferimos forma parte de una determinación más amplia de conectar a las personas y contrarrestar la individualidad, la imbecilidad, el capitalismo más bestial y las leyes de la jungla”.

 

 

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