EL DOBLE DE PICASSO

 

Con su última novela, El doble de Picasso,  Francisco Guerrero da un paso adelante en su planteamiento literario, prescindiendo del recurso a las temáticas de acción y enigmáticos crímenes,  y centrándose en una historia de amor trágica que le sirve de marco para presentar a un singular personaje obsesionado por repetir los pasos del artista que admira incondicionalmente, el pintor malagueño Pablo Picasso. Esta vez no hay intriga que conduzca la historia: en el primer párrafo, inicial, de la novela, ya está contado el desenlace, y el desafío narrativo consistirá por lo tanto en acercarnos a ese momento desentrañando en el camino la conflictiva, casi esquizofrénica, personalidad del protagonista.

Francisco Guerrero, escritor y profesor de educación especial en Málaga, no escribe con esta su primera obra. Empezó allá por 1986, cuando pergeñó Francis Dei. Tardó bastante en volver a sacar la cabeza, pero cuando lo hizo fue ya de la mano de una editorial de fuste, como lo es Aljibe, que creyó en él y lo sigue acompañando hasta ahora. Un privilegio que, desde luego, no está al alcance de cualquiera. En diez años, aparecieron tres novelas más, Ojalá nos despierte la lluvia (2000), El baile de las abejas (2003) y El puente de los alemanes (2010).

En Ojalá nos despierte la lluvia, un profesor de educación especial como el propio autor, se cruza en el camino de un asesino en serie de mujeres hermosas, al que a partir de allí comenzará a perseguir obsesivamente con la ayuda de una joven periodista. Las pistas que van hallando, remiten indefectiblemente a pasados remotos: fragmentos de monedas del siglo I a.C, escritos de un árabe del siglo IX, etc. Los acontecimientos se desarrollan en una ciudad ficticia pero que se identifica inmediatamente con Málaga, y la sucesión del relato le permite al autor penetrar en la psicología de algunos de los personajes, revelar conflictos existenciales e incluso atreverse a complejas disquisiciones filosóficas e históricas.

El baile de las abejas transcurre en Torre del Mar, municipio de la costa malagueña, donde un fornido arqueólogo, buscando las huellas del gran  terremoto de Lisboa de 1680, encuentra  dos antiguos y extraños cadáveres momificados, y cerca de ellos el cadáver de una joven, mucho más reciente. A partir de allí se genera una vertiginosa serie de episodios policiales que relacionan entre sí cuestiones tan variadas como la paternidad de las obras de Shakespeare, la física atómica o extraños experimentos científicos; episodios no exentos de escenas eróticas alternadas con debates filosóficos.

En El puente de los alemanes,  la insistencia en el recurso de la acción y la intriga, que podía por momentos oprimir otros valores de la narración en las primeras novelas, logra el objetivo de que la forma no diluya el fondo, y el lector que se aventura a compartir por las calles de Málaga el camino del protagonista no sólo comparte las fatigas de la trama, sino que penetra en los conflictos del personaje con una transparencia que crea de inmediato sentimientos de identificación.

Con su última novela, El doble de Picasso,  Francisco Guerrero da un paso adelante en su planteamiento literario, prescindiendo del recurso a las temáticas de acción y enigmáticos crímenes,  y centrándose en una historia de amor trágica que le sirve de marco para presentar a un singular personaje obsesionado por repetir los pasos del artista que admira incondicionalmente, el pintor malagueño Pablo Picasso. Esta vez no hay intriga que conduzca la historia: en el primer párrafo, inicial, de la novela, ya está contado el desenlace, y el desafío narrativo consistirá por lo tanto en acercarnos a ese momento desentrañando en el camino la conflictiva, casi esquizofrénica, personalidad del protagonista.

Un protagonista nítidamente desdoblado (para la progresiva percepción del lector, que no para la suya propia) en dos facetas a menudo contradictorias, que se superponen construyendo una personalidad que él mismo no logra dominar y asumir. Novela de búsqueda de la identidad –como lo ha señalado acertadamente Francisco Ruiz Noguera- que desenvuelve el conflicto interno de un pintor que no logra vencer su mediocridad, quizás porque se empecina obsesivamente en copiar la personalidad de un genio. Jorge Díaz imita a Picasso, con la convicción casi mediúmnica de que la copia al fin encarnará a su modelo; pero Jorge Díaz no sólo no es Picasso, sino que íntimamente rechaza incluso algunos aspectos de su personalidad, lo que conduce su vida a situaciones a veces patéticas, a veces incluso humorísticas, pero también a momentos altamente dramáticos. Mientras su vida y su arte se desgastan en la identificación epidérmica con el icono del genio, su realidad profunda lo enfrenta a otros derroteros mucho más reales y profundos, de los que finalmente debe hacerse cargo. Por eso, la novela empieza por el final: cuando ya todo ha ocurrido.

Francisco Guerrero reafirma con esta novela su gran capacidad para describir situaciones y caracteres, con un lenguaje fluido y una gran preocupación por las encrucijadas éticas de la vida. En ese sentido, El doble de Picasso reitera lo que ya podíamos percibir en las novelas anteriores: un relato que avanza con rapidez a través del uso de un estilo sin sinuosidades, pero que no se atiene a la neutralidad casi periodística de buena parte de la mediocre narrativa española actual. No se trata sólo de contar una historia, sino de hacer literatura; y como todos saben, en la verdadera literatura, más que lo que se cuenta, importa cómo se cuenta. Pero también esta novela seduce con lo que se cuenta, la controvertida historia de este personaje tan singular que se parece seguramente a cualquiera de nosotros, dilacerados entre lo que creemos que queremos ser, y lo que queremos ser realmente.

No voy a extenderme en contarles más claves de esta novela, porque de lo que se trata es de que la lean ustedes, con el interés y la atención que se merece. Sólo quisiera apuntar que más allá de los avatares de la trama en sí misma, es posible y necesario realizar una segunda lectura que nos permitiría descubrir temas y cuestiones que tocan de cerca a cualquier ser humano, que como ya he dicho, somos todos singulares pero al mismo tiempo compartimos preocupaciones y conflictos: el peso de la figura paterna, la complejidad del deseo y el amor, el miedo a ser diferentes a las convenciones dictaminadas por la sociedad, la trivialización de la imagen del mundo, y tantas otras.

Y sobre todo, como un poso amargo que queda cuando terminamos la lectura, la sensación inevitable de que tras los múltiples y a menudo caóticos aconteceres de este pintor fracasado que va tras las huellas del gran genio malagueño, oculto tras la pintura de una vida bohemia a caballo entre el desenfreno y la misantropía, se revela sibilinamente el verdadero tema de este libro: la presencia de la muerte en el límite de toda experiencia.

 

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