Ildefonso Gómez presentó su libro "Palabras líquidas"

"Palabras líquidas", libro de poemas del escritor radicado en Torre del mar Ildefonso Gómez Sánchez, fue presentado el pasado miércoles en la sala municipal de la calle Cristo, en Nerja, con un rotundo éxito de asistencia que sobrepasó el aforo de la sala. El libro, editado por La Luna Porducciones, está ilustrado con  pinturas de Paloma López Gómez, artista plástica murciana. La concejala de Cultura nerjeña, Gema García, y la presidenta de la asociaciòn cultural La Aventura de Escribir, organizadora del evento, presentaron al autor, en tanto que Enrique Zattara leyó una detenida interpretación de la obra, que puede leerse en la extensiòn de la noticia. Luego, Iel autor leyó sus poemas acompañado por una proyecciòn de las pinturas de la joven ilustradora. Todo un lujo de noche poética. "Palabras líquidas" aún tiene largo camino por recorrer, en marzo será pressentado en Torrox Costa, en abril en Vélez-Málaga, y se está preparado su próximo lanzamiento también en Madrid.

 

UNA POÉTICA QUE ACECHA TRAS EL ITINERARIO DEL POEMA

 

 

Muchos, a lo largo de la historia de la literatura, han intentado conceptualizar qué es efectivamente la poesía. Si en el resto de los géneros literarios (dejando claro antes mi opinión de que los géneros que parcelan la literatura no son más que taxonomías instrumentales a la razón: y punto) es posible identificar recursos, técnicas, estructuras que definen con más o menos claridad esos lugares de literaturidad, la reflexión en torno a la poesía sólo ha logrado, en todo caso, definir su espacio por la negativa: podemos coincidir –no sin desacuerdos, pero eso ocurre siempre con el objeto estético- en lo que no es la poesía, pero todo intento de decir qué es ha terminado invariablemente en el fracaso.

 

Hay quienes reclaman para el verso el ramalazo de la espontaneidad, del automatismo que revela contenidos que están más allá de la palabra misma (si es que existe algo que pueda prescindir de la palabra, cosa que personalmente dudo), el predominio del sentimiento y el desborde de la emoción. Otros, en cambio, ponen por delante la búsqueda de la perfección formal, la palabra burilada hasta perder toda limadura innecesaria, la unidad elaborada minuciosamente entre el significante y la idea. Diría que Palabras líquidas, este libro de Ildefonso Gómez (a diferencia de su único libro anterior, Noviembre) está en la segunda de estas categorías.

 

Para empezar, Palabras líquidas es uno de esos libros que, más que un “poemario”, es un solo poema que extiende sus ramas  sin por ello apartarse un ápice de su tallo, de su búsqueda central.  El segundo dato que se hace notorio es una rigurosa búsqueda de concisión, la intención obsesiva de reducir las palabras a los límites mínimos de la necesidad del propio poema, prescindir deliberadamente (y con seguridad a través de más de una reescritura) de la hojarasca.

 

El libro, que obliga perentoriamente a una lenta –detenida- lectura, revela desde su inicio un claro carácter programático. “Primero fue el gesto, / siglos después la palabra, / siglos después la escritura / y en este momento, el poema”, dice la estrofa de Gloria Fuertes que lo abre. Y efectivamente, Palabras líquidas parece proponerse un programa tendente a discernir, desde la reflexión poética en la que se superponen e identifican razón y sugerencia, el carácter mismo de eso que llamamos poema. Como si, llegado el momento del poema tras la evolución retratada por Fuertes, hiciese falta ahondar un poco más, llegar hasta el fondo para develar cómo es que esa cosa objetivamente  amorfa que es un trazo sobre una superficie plana se convierte en escritura, en palabra, y al final, en poesía. Pero también –anticipo- cómo desde el objeto-poema recomienza el camino inverso: siglos antes, la escritura; siglos antes, la palabra; siglos antes, el gesto; podríamos decir invirtiendo la frase inicial. Con una diferencia: que llegado al momento del poema, los demás estadios ya no son antepasados, sino que resplandecen al mismo tiempo en una explosión de sentido que a todos los abarca: “Palabras pensadas dispuestas a estallar”.

 

“Un solo color, / un destierro de soledades, / para hacerse presente / en la nada del significante / y llenar con luz significados”, dice el poeta, porque “este es el único fin de la palabra”. Unos colores que el poeta investiga uno a uno, proponiendo significados que nunca se cierran en sí mismos, porque son “un prisma calidoscópico /(que) ancla simbolismos / en un juego continuo”. Calidoscopio que se origina (como ya lo ha dicho Fuertes al principio) en un gesto. Y el poema transita esa andadura que se inicia en el gesto, en el gesto de la mano humana que traza líneas sobre el papel, y aunque “el trazo rebelde negaba su destino”, al final cede al mismo, y así avanza hacia cumplir su destino. Primero el poeta encuentra “el trazo, ya palabra”, y el itinerario sigue en “la palabra ya mensaje”, para descubrir al final que “el verso traiciona la nostalgia / por el placer de la palabra / y surge la magia del poema”, en una tajante aseveración que parece sugerir toda una poética: si la expresión del poeta comienza en el sentimiento, es en verdad en el resplandor de la palabra en donde se vuelve poema. La poesía es significante antes que significado.

 

Pero en un sorprendente giro, esa “investigación” vuelve luego a encarnarse –en el sentido más trivial y humano de la palabra- cuando el poeta reconoce que el verbo del poema a lo que aspira es a ser “sustituido por un espacio / no exento de ternura”, donde caben la nostalgia, el amor, “un puñado de dudas y certezas”: en suma, la carne –aquella que Shakespeare hizo débil para siempre. Y es allí donde el itinerario se invierte, regresando desde la chispa reveladora del poema hacia la profundidad del sentimiento humano: desde el gesto arribamos al poema, pero del poema, ahora, surge el camino que nos devuelve al gesto.

 

Y es en ese punto preciso en donde las palabras líquidas del poema, tras buscarse a sí mismas, salen ahora a la búsqueda de lo que consistió el gesto primigenio, y entonces comienzan a aparecer sobre la página el amor, las nostalgias,  las sensaciones del poeta en contacto directo con la vida. El poema ha cedido ahora la centralidad al habla, para que no ocurra que “se perdió el habla con el jugar de las palabras / entre escombros y ruina de una vida mal vivida”.

 

Una ráfaga me ha devuelto

los dulces contornos del sonido

y canto, canto con verso claro,

acompasado por el canto del mirlo,

bajo la luz de este sol de invierno,

bajo la luz de un florecido y perfumado

                                                                         varal de almendro

 

El poema ha devuelto el habla al poeta, al ser de carne que somos, y ese itinerario de las palabras líquidas se completa así en su plenitud, constituyendo en su parábola –además- un  intento de respuesta a la pregunta con que iniciamos esta lectura reflexiva: de qué hablamos cuando hablamos de poesía. Aunque el libro se cierre con otra vuelta de tuerca, dejándonos al final un regusto amargo: “El silencio, / razón de ser de las palabras / en el cauce sonoro del verso”.

 

Mención aparte, antes de cerrar este prólogo, quiero hacer de las ilustraciones de Blanca López Gómez que acompañan este  poema: no sólo de magnífica factura plástica, sino tan adecuadas al texto que uno se pregunta cuál ha sido el orden de ejecución: ¿habrán sido los dibujos los que interpretan el poema, o es quizás el poema una respuesta a las preguntas que en su abstracción despliegan los dibujos? En todo caso, ese es un secreto de los autores.

 

 

ENRIQUE D. ZATTARA

 

 

Comentarios (0)

500 caracteres restantes

Cancel or




Realizado por La Luna Producciones®.
Warning: call_user_func() expects parameter 1 to be a valid callback, function 'tdo' not found or invalid function name in /home/vgnambyz/public_html/miJoomla/templates/themza_j16_01/html/pagination.php on line 153
Valid XHTML and CSS.